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Ayuno intermitente

La base del ayuno intermitente

La base del ayuno intermitente es la activación de unos “mecanismos de supervivencia” que heredamos de nuestros antepasados primitivos.

Gracias a ellos, evolucionaron los sistemas metabólico, endocrino y nervioso para poder mantener un alto rendimiento físico y mental aunque el momento de llevar alimento a la cueva se alargara.

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Reduce la ingesta diaria de forma general

Durante el ayuno prolongado, al menos 8-12 horas, bajan nuestras reservas de glucosa y comenzamos a tirar de nuestras reservas de grasa.

La combustión del “michelín” produce cuerpos cetónicos o cetonas, que pasan a la circulación sanguínea distribuyéndose de esta forma por todo el organismo sirviendo de componente energético.

Este mecanismo se activa también en situaciones patológicas como una crisis hipoglucémica (o bajada de azúcar en sangre) bastante habitual en diabéticos o al llevar una dieta hiperproteica (baja en hidratos de carbono o azúcares).

Ahora viene lo bueno:

Hay un montón de investigaciones que concluyen que, aunque hacen falta más investigaciones en pacientes, con distintos tipos de ayuno y distintas patologías, se propone el ayuno intermitente como una muy buena herramienta para mejorar la salud de la población.

Los beneficios son importantes a muchos niveles y no sólo por pérdida de peso, que ya de por sí previene muchas enfermedades.

Demuestran su seguridad, incluso a largo plazo, tanto en personas sanas como en enfermos, e incluso en ancianos.

En concreto, el ayuno intermitente tiene todos estos beneficios: